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El valor de una firma

Signatures (IMAGE: EDans)¿Cuánto vale una firma? Las de la imagen, que fotografié en un momentito en un par de salas del Metropolitan Museum de Nueva York, obviamente muchísimo. Picasso lo tenía muy claro: su firma identificaba su trabajo, que reflejaba la experiencia de toda una vida pintando, y tenía un valor muy elevado.

Mastercard, sin embargo, piensa lo contrario: la firma no vale nada, y quiere eliminarla completamente de sus transacciones antes de abril de 2018. Las asociaciones de comerciantes están de acuerdo, y lo consideran un buen movimiento, porque consideran la captura de la firma como algo engorroso, que retrasa el proceso de cobro y que, en realidad, no aporta ninguna seguridad adicional.

En efecto: la firma es un método de autenticación débil, absurdo, y que no aporta ninguna seguridad como sistema de verificación. Es un tema que lleva muchos años comentándose: firmar un recibo de una compra con tarjeta de crédito es absurdo, como lo es firmar la propia tarjeta, aunque en teoría esa firma en el dorso de la tarjeta suponga la aceptación del contrato que te permite utilizarla como medio de pago. ¿Realmente es válido el intento de firma que hacemos con el dedo en la pantalla de un móvil como prueba de la entrega a domicilio de una mercancía? ¿Puedes hacer el garabato que quieras, porque en realidad no sirve para nada? En la inmensa mayoría de los casos, el que recibe la firma no se preocupa en absoluto de compararla con la del dorso de la tarjeta.

Actualmente, el 80% de las transacciones con tarjeta de crédito ya no requieren la firma del usuario, y el plan de Mastercard es terminar completamente con la firma. Simplemente, y por mucho que se siga utilizando para todo tipo de contratos, es un método absurdo y anticuado. Mi hija sabe reproducir mi firma con una gran exactitud, y yo, a su edad, sabía reproducir la de mi padre. Los chips, la tokenización y la biometría son sustitutos infinitamente más lógicos y adaptados a los tiempos. La huella digital que utilizo para desbloquear mi smartphone y pagar con Apple Pay en una tienda es una prueba mucho más segura de mi identidad que un garabato, o que el hecho de exhibir un carnet de identidad con una fotografía en blanco y negro a la que no me parezco en absoluto porque cuando la tomé, pesaba veinte kilos más.

¿Por qué seguimos otorgando valor a la firma y a otros métodos de identificación propios de otros tiempos? Simplemente, por costumbre. Las costumbres cambian con los tiempos y con la evolución del escenario tecnológico, pero lo hacen muy lentamente, de manera casi generacional. Y en ocasiones, como en el caso de la firma de las tarjetas, llegan a generar situaciones completamente ridículas. En algún momento, alguien debe plantarse, evaluar las situaciones, y solucionar estas incoherencias.

 



Fuente: Enrique Dans
El valor de una firma

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