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Apple cobró 1.200 dólares para reparar un problema que se solucionaba moviendo un pin

Si hay algo que define a Apple como compañía es el total control que buscan tener sobre sus dispositivos. Para muchos eso también ha significado la clave de su éxito: al mantener una plataforma tan hermética, sus productos -ya sean un computador un un teléfono- funcionan en ambientes controlados y de la manera que la propia Apple quiere que operen, y en ese sentido, se aseguran que la experiencia de los usuarios sea óptima.

Pero hay veces que esas ansias de control chocan con los derechos propios de los usuarios, en este caso, el derecho a reparar el equipo.

Si Apple ya es cerrado con su software, el control de su hardware es igual de estricto. Y eso se nota a la hora de querer reparar un sistema: los únicos servicios autorizados son distribuidores de Apple y por lo general uno tiende a confiar en que harán su mejor trabajo. Pero un reportaje de CBC News, la cadena de noticias canadiense, demostró que a veces el servicio de Apple simplemente opera con la lógica de obligar al usuario a comprar otro equipo.

El equipo periodístico llevó un MacBook Pro con la pantalla mala a una tienda de Apple para ser atendido por el Genius Bar, el elenco de expertos que está en las tiendas y que están entrenados precisamente para dar el mejor servicio posible.

Una cámara secreta muestra como llevan el computador al mesón y tras revisarlo en la parte posterior de la tienda, llegan con las malas noticias: un líquido se desparramó en el computador, causando un daño que solo puede ser reparado cambiando las piezas del equipo. El encargado dice que hay que cambiar la placa lógica, la carcasa y pagar la mano de obra, por un total de 1.200 dólares, prácticamente el precio de un computador nuevo.

El encargado dice explícitamente que “no pueden hacer reparaciones cuando el equipo está dañado” y que no hay otra solución.

Pues bien, el equipo llevó el mismo computador a una tienda de Manhattan, operada por Louse Rossmann, un técnico que además hace tutoriales en Internet para que la gente haga sus propias reparaciones y sepa que es lo que falla en sus equipos.

El diagnóstico de Rossmann fue bastante diferente al de Apple: el equipo solo tenía suelto el pin que encendía la luz de la pantalla, por lo que solo empujándolo hacia adentro logró repararlo en cosa de minutos. Rossmann dijo que por esa acción no cobraba, pero que de todas formas recomendaría al usuario cambiar ese cable por uno nuevo, lo que le costaría a lo más unos 100 dólares.

Ahora ¿qué pasa con el agua? Efectivamente la placa tenía los sensores de humedad en rojo, lo que significa que el equipo si tuvo contacto con líquido, aunque asegura que solo con estar en un ambiente húmedo se puede lograr el mismo efecto. En ese sentido también hay que darle cierto beneficio de la duda a Apple, ya que al ver que el equipo podría estar dañado, no podía arriesgarse a entregar un equipo sabiendo que tiene partes que podrían estar dañadas.

Pero por otro lado, su actuar coincide con su constante lucha para evitar que sus productos sean reparados por terceros o incluso sus propios dueños: baterías que son pegadas al cuerpo del equipo para que no sean removidas o incluso denuncias de derechos de autor contra quienes compartan los manuales de Apple son pan de cada día para una empresa que tiene tanto control sobre sus productos que muchas veces da para pensar si hay otras intenciones más allá de querer hacer lo mejor posible.

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